Brad Pitt y Angelina Jolie libran una batalla por un viñedo francés
Los íconos de Hollywood, Angelina Jolie y Brad Pitt concretaron su divorcio hace casi un año, en diciembre de 2024, para ser precisos. Sin embargo, el conflicto matrimonial inició desde septiembre de 2016, cuando la actriz de Tomb Raider le pidió el divorcio al protagonista de ¿Conoces a Joe Black?, quien, por cierto, recientemente estrenó la película F1, donde le da vida al personaje de Sony Hayes.
A pesar de que ya pasaron once meses, los asuntos legales postdivorcio, se mantienen. Ahora, el campo de batalla ya no es la custodia de sus hijos, sino los viñedos de Château Miraval. Pitt y Jolie adquirieron dicha propiedad, en la Provenza francesa, en 2008… e incluso allí celebraron su boda en 2014.
El conflicto, que trasciende una mera disputa patrimonial, se agudizó recientemente con nuevas y graves acusaciones presentadas ante un tribunal de California. Brad Pitt interpuso una demanda contra Angelina, donde le reclama daños por valor de 35 millones de dólares. La raíz del pleito se remonta a 2021, cuando Jolie vendió, de manera secreta, su participación en la bodega —estimada en un 50 por ciento— al magnate del vodka ruso, Yuri Shefler, propietario de la marca Stoli.
De acuerdo con la documentación judicial del caso, los abogados de Pitt alegan la existencia de un pacto tácito entre los excónyuges. El cuál les impedía vender sus respectivas partes sin el consentimiento expreso del otro. Una cláusula que, de acuerdo con la demanda, Jolie vulneró al realizar la transacción con Shefler sin notificárselo a su entonces esposo.

Una guerra de documentos y acusaciones
Los últimos movimientos legales, registrados el pasado 29 de octubre, incluyen la presentación de comunicaciones privadas entre los equipos legales de ambas partes. Dichos correos electrónicos presuntamente revelan una pugna por la transparencia de la información. La defensa de Jolie sostiene que Pitt se negó reiteradamente a entregar documentos relacionados con un acuerdo de confidencialidad de cuatro años que, dijeron, estaba vinculado a «su mala conducta personal».
Este punto es crucial, ya que los abogados de Angelina vinculan directamente este supuesto acuerdo de confidencialidad con el incidente ocurrido en 2016 a bordo de un avión privado, investigado por el FBI, que marcó el inicio de su separación. Resaltan que Pitt condicionó la compra de la parte de Jolie en Miraval a que ella firmara un documento diseñado para imponerle silencio sobre aquel episodio, una acusación que el equipo de Pitt niega en sus fundamentos.
En respuesta, los representantes del actor argumentan que Jolie invocó, de manera indebida, el privilegio abogado-cliente para retener información clave sobre los términos de la venta a Shefler. Lo cual, consideran, es una maniobra para ocultar las circunstancias que rodearon la transacción.
Brad Pitt vs Angelina Jolie: El futuro de un legado en juego
Frente a estas acusaciones mutuas, el equipo legal Brad Pitt dio un paso atrás táctico a finales de octubre, retirando una solicitud específica de 22 documentos. No obstante, la guerra dista de terminar. Una audiencia crítica está programada para el próximo miércoles 17 de diciembre, donde un juez podría arrojar luz sobre las pretensiones de ambas partes.
Lo que está en juego es más que una valoración monetaria de unos viñedos. Para Brad Pitt, quien se involucró personalmente en la gestión y promoción de los vinos de Miraval, la propiedad representa un legado tangible y un proyecto de vida. La entrada de un tercero ajeno en la sociedad, según su demanda, no sólo diluye su control, sino que daña la reputación y las operaciones del negocio.

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Para Angelina Jolie, la venta de su parte parece ser la única vía para desvincularse por completo de un patrimonio que, tras su separación, estaba irrevocablemente unido a recuerdos dolorosos. La batalla por Miraval se convirtió así en el epílogo legal de una relación que pasó de ser el romance más escrutado del mundo, a un amargo duelo judicial. Lo cual demuestra que algunos activos, especialmente aquellos cargados de simbolismo son los más difíciles de dividir.